Según varias encuestas, la mayoría de las personas identifican la cocina como el lugar donde se generan más recuerdos en familia. No solo se trata de cocinar, es un espacio donde surgen conversaciones inesperadas, celebraciones y rutinas que definen la vida doméstica. Por eso, la isla es, en ocasiones, llamada el “corazón de la casa”.
Es difícil pensar en una cocina y que esta no contenga como elemento central la isla —si el espacio lo permite—, una incorporación relativamente nueva en el diseño doméstico. La isla tiene una historia que refleja los cambios sociales, arquitectónicos y funcionales de una vivienda. Su aparición no ha sido casual. Ha ascendido de tal manera que se le considera el símbolo de un hogar moderno.
Su origen se sitúa a mediados del siglo XIX como una mesa de ayuda para la preparación de alimentos, que generalmente se colocaba cerca del fregadero, de la nevera y la zona de cocción. Esta mesa buscaba la máxima eficiencia con los menores desplazamientos posibles.
Frank Lloyd Wright fue el pionero en la evolución de la cocina y en el concepto de plantas abiertas. Alrededor de 1930, diseñó cocinas para clientes que querían charlar con sus invitados a la vez que cocinaban. De esta manera, se marcó un alejamiento de la típica cocina oculta a la vista e introdujo el concepto de planta abierta. Así, las barreras físicas entre la cocina y comedor dejaron de existir o se redujeron en cierta medida en la gran mayoría de casas.
Hoy en día y debido a la fama del concepto abierto (Open plan), —y en parte también a la exposición de las redes sociales—, las cocinas han evolucionado en todos los continentes. En España, la isla no llegó hasta los años 2000 aproximadamente, cuando las reformas empezaron a apostar por unir salón comedor y cocina, un concepto que se empezó a ver en la mayoría de las series de televisión extranjeras.
Antes de esa fecha, las viviendas solían tener cocinas muy pequeñas y cerradas, donde la separación entre estancias era clave y estaba muy marcada.
La llegada de la isla se vio impulsada por dos factores principales:
En 2010, la isla ya era un elemento deseado en gran parte de los hogares y uno de los puntos clave en cualquier proyecto de reforma.
La isla como elemento central de casi todas las cocinas se ha mantenido a lo largo de décadas porque responde a necesidades clave:
Hoy en día la cocina no solo es un espacio de trabajo, sino un lugar para vivir. Y la isla representa mejor que ningún otro elemento esa evolución.